Lo esencial
- En bebés, lo primero es el sueño seguro: boca arriba, en una superficie firme y plana, sin objetos sueltos y compartiendo habitación sin compartir cama (Moon et al., 2022).
- Es habitual que los niños pequeños se despierten por la noche o que les cueste dormirse, y no significa que lo estés haciendo mal.
- Las intervenciones de sueño estudiadas en niños de 0 a 5 años combinan sobre todo rutinas antes de acostarse, cuidado del ambiente y apoyo a que el niño se duerma con autonomía, y la mayoría se dirigen a los padres (Pétrin et al., 2026).
- Lo que percibes (más confianza, menos insomnio referido) y lo que miden los aparatos pueden no ir a la vez: en un piloto de dos semanas con niños de 5 a 11 años sin problemas graves de sueño mejoró la percepción de los padres, pero no las medidas objetivas (Wright et al., 2026). Ese piloto no midió qué pasa más adelante.
- Hay señales que conviene no normalizar (ronquidos, respirar por la boca, somnolencia diurna marcada): son motivo para hablar con tu pediatra, no para diagnosticar en casa.
- Esto es contenido educativo para familias y no sustituye la consulta pediátrica.
Si has llegado hasta aquí después de otra noche de despertares, de un peque que no se queda en su cama o de una batalla de una hora para que cierre los ojos, quiero empezar por lo más importante: no lo estás haciendo mal, y no estás sola/o. Es habitual que los niños pequeños se despierten por la noche o que les cueste dormirse, y no es un fallo de crianza. Vamos paso a paso, en modo batería baja —porque seguramente tú tampoco estás durmiendo—: poco a poco, sin culpa, una cosa cada vez.
Una idea que guía toda esta guía: en el sueño de los niños conviene hablar más de razones que de causas. No hay un único interruptor estropeado; hay un conjunto de factores (la edad del niño, sus rutinas, el ambiente, lo que pasa en casa) que podemos entender y acompañar.
Aviso importante. Esto es contenido educativo para padres y madres. No sustituye la consulta con tu pediatra ni un diagnóstico profesional. Aquí no diagnosticamos el sueño de tu hijo: te ayudamos a entenderlo y te decimos cuándo conviene consultarlo.
Sueño seguro durante el primer año
Coloca al bebé boca arriba para cada sueño, sobre una superficie firme, plana y sin inclinación, con sábana ajustada y sin almohadas, juguetes ni ropa de cama suelta. Evita que duerma en sofás o sillones, el humo y el sobrecalentamiento. Si se duerme en una silla de coche, pásalo a una superficie adecuada en cuanto sea posible. Estas medidas, que recomienda la Academia Americana de Pediatría, reducen riesgos de muerte súbita del lactante y de asfixia accidental; no garantizan que desaparezcan (Moon et al., 2022). Las posiciones utilizadas con vigilancia hospitalaria no son instrucciones para dormir en casa. Si nació prematuro, concreta las indicaciones al alta con su equipo.
Para dormir, la recomendación es compartir habitación sin compartir cama: el bebé cerca de vosotros, pero en su propia cuna o superficie para bebés (Moon et al., 2022). Si os planteáis compartir cama, habladlo antes con vuestro pediatra: hay situaciones en las que el riesgo aumenta mucho.
Qué es un sueño infantil sano (y qué es normal a cada edad)
Lo primero que calma a muchas familias es entender que el sueño cambia muchísimo con la edad, y que buena parte de lo que vivimos como “alteraciones” son, en realidad, etapas normales. Un bebé que se despierta varias veces por la noche no está roto; está haciendo lo que hace un bebé. Un preescolar que de repente protesta a la hora de dormir puede estar atravesando un cambio evolutivo, no una rebeldía.
Hay un matiz honesto que conviene tener presente: sabemos bastante más del sueño nocturno que del sueño de día. Cuando se han revisado las intervenciones de sueño en niños pequeños, la evidencia se concentra en la noche; la organización del sueño a lo largo de las 24 horas —las siestas incluidas— se ha estudiado mucho menos, y el sueño diurno rara vez se midió (Pétrin et al., 2026). ¿Por qué te lo cuento? Para que ajustes expectativas: hay zonas, sobre todo las siestas, donde tendremos que guiarnos más por la observación de tu hijo que por reglas rígidas.
¿Cuánto debe dormir mi hijo?
Esta es probablemente la pregunta estrella, y aquí toca ser prudentes. No vamos a inventarte cifras exactas, porque las necesidades de sueño varían mucho de un niño a otro y porque la propia ciencia reconoce que el sueño diurno está poco medido (Pétrin et al., 2026). Como orientación general:
- Bebés: duermen muchas horas repartidas entre el día y la noche, con despertares frecuentes que son esperables en los primeros meses.
- De 1 a 3 años: el sueño se va concentrando en la noche y suele mantenerse una o dos siestas que se reducen con la edad.
- Preescolares: muchos van dejando la siesta y el grueso del descanso pasa a ser nocturno.
- Edad escolar: el sueño es básicamente nocturno y la regularidad de horarios cobra mucho peso.
En lugar de obsesionarte con un número, fíjate en señales de descanso suficiente: tu hijo se despierta razonablemente de buen humor, rinde y juega durante el día, y no arrastra una somnolencia marcada. Si tienes dudas sobre las horas concretas que necesita tu hijo según su edad, esa es justo una conversación para tener con tu pediatra, que conoce su caso.
Por qué tu hijo no duerme bien: qué dice la ciencia
Suelen mezclarse tres planos: el propio niño, el entorno y el sistema familiar. Estos son los que se han estudiado.
Las pantallas y los dispositivos
Es uno de los factores que más se repite. El uso problemático de pantallas se asocia con más problemas de sueño en los niños: cuesta más dormirse, hay peor transición entre la vigilia y el sueño, y aparece más somnolencia durante el día. Además, a mayor uso, mayor alteración (Arslan Alıcı & Erdoğan, 2026).
Un matiz que no quiero suavizar: esto es una asociación observada en un estudio transversal, no una relación de causa demostrada. No significa que cada minuto de pantalla “destroce” el sueño, sino que el patrón de uso problemático y el mal dormir tienden a ir de la mano. Aun así, es de los ajustes más sencillos y con más sentido: alejar las pantallas del momento de acostarse.
Para profundizar, te ayudarán nuestras guías de higiene del sueño y, en concreto, de pantallas y sueño.
El sistema familiar y el apoyo (sí, tú importas)
Aquí entra una pieza que el público de CDB conoce bien de cerca: la madre o el cuidador agotado. El sueño de los más pequeños no ocurre en el vacío; está influido por lo que pasa en casa. Se ha visto que contar con apoyo de la pareja o la familia se asoció con menos problemas de sueño en niños de 12 a 36 meses, y que los de 25-36 meses mostraban menos problemas que los más pequeños (Yilmaz et al., 2026).
De nuevo, son asociaciones, no causas. Pero el mensaje es importante y va directo a ti: tu descanso y tu estado importan, y pedir o recibir apoyo no es una debilidad ni un lujo, es parte del cuidado. Si llevas el peso del sueño en solitario, ese reparto es algo que merece la pena mirar.
Señales físicas que conviene no pasar por alto
Hay un caso concreto en el que conviene afinar el ojo: roncar habitualmente y respirar por la boca. Pueden asociarse a trastornos respiratorios del sueño, que a su vez se relacionan con más síntomas de conducta, como inatención, hiperactividad o ansiedad (But et al., 2026).
Ojo con el matiz, porque es obligatorio entenderlo bien: esos datos proceden de niños en consulta de ortodoncia, así que no son extrapolables a la población infantil general. No sirven para diagnosticar nada en casa. Lo que sí son es un buen motivo para consultarlo con tu pediatra: si tu hijo ronca casi todas las noches o respira por la boca de forma habitual, coméntalo en la próxima revisión.
Qué puedes hacer (paso a paso, modo batería baja)
Las intervenciones de sueño que se han estudiado en niños de 0 a 5 años suelen combinar tres cosas, y la mayoría se dirigen a los padres, con un enfoque educativo (Pétrin et al., 2026). Antes de cambiar nada, y sobre todo en los primeros meses, habla con tu pediatra: lo que conviene depende de la edad, de la alimentación y de la salud de tu hijo.
Las tres cosas son:
- Rutinas antes de acostarse.
- Higiene del sueño y ambiente.
- Acompañar la autorregulación (que el niño aprenda a dormirse de forma autónoma).
La rutina de antes de dormir
Una rutina es una secuencia corta y siempre igual antes de dormir (por ejemplo: baño, pijama, lavar los dientes, un cuento, luz tenue, a la cama). No tiene que ser larga ni perfecta.
Tres ideas prácticas:
- Mejor sencilla y sostenible. Una rutina corta que podáis mantener casi siempre, mejor que una elaborada difícil de sostener.
- Que sea calmada hacia el final. La rutina baja revoluciones; no las sube. Las actividades más activas, al principio; las más tranquilas, justo antes de la cama.
- Adáptala a la edad. Un bebé y un escolar no necesitan lo mismo. Ajusta la duración y el contenido al momento evolutivo de tu hijo (su nivel de comprensión, su lenguaje, lo que le calma).
El ambiente para dormir
Lo que tiene respaldo en el dormitorio es poco y concreto:
- Pantallas fuera antes de acostarse (Arslan Alıcı & Erdoğan, 2026).
- Sin sobrecalentar la habitación ni abrigar de más al bebé (Moon et al., 2022).
- Todo lo del sueño seguro que vimos al principio, sin excepciones (Moon et al., 2022).
Acompañar a tu hijo a dormirse
Muchas de las intervenciones estudiadas incluyen apoyar, de forma gradual, que el niño aprenda a dormirse con más autonomía (Pétrin et al., 2026). Cómo y cuándo hacerlo depende de su edad, su alimentación y su salud: antes de cambiar cómo se duerme tu hijo, y sobre todo en los primeros meses, habla con tu pediatra.
Lo que la evidencia matiza (expectativas honestas)
Este bloque es, quizá, el más importante para que no te frustres y no abandones antes de tiempo. Porque sí, hay una trampa habitual: esperar que en tres noches todo cambie.
La realidad es más matizada. En un estudio piloto pequeño y sin grupo de control de dos semanas con niños de 5 a 11 años sin problemas graves de sueño, una intervención conductual breve sí mejoró lo que percibían los padres —su conocimiento sobre el sueño, su confianza y el insomnio que referían—, pero las medidas objetivas no mostraron una mejora: la duración del sueño y el tiempo en dormirse no cambiaron, e incluso la eficiencia del sueño empeoró en esas dos semanas (Wright et al., 2026). El estudio no hizo seguimiento posterior, así que no dice qué pasa después.
¿Qué hacemos con esto? Dos cosas:
- Distinguir qué mejoró. Los padres se sintieron con más herramientas; eso no demuestra que el sueño medido objetivamente mejorara.
- No juzgar el resultado por una noche. Es esperable que las primeras no sean mágicas, y mantener la rutina unos días es lo razonable antes de cambiarla otra vez —aunque conviene decirlo sin adorno: no tenemos un estudio que mida cuánto tarda en cuajar. Si hay malestar o no mejora, revisa con tu pediatra qué necesita vuestro caso.
Y un apunte para familias con niños con trastornos del neurodesarrollo o neurológicos: las estrategias conductuales y guiadas por los padres (psicoeducación, higiene del sueño, rutinas) suelen ser seguras, aceptables y útiles según las propias familias, aunque las mejoras en medidas objetivas tienden a ser más pequeñas (Nunes & El Halal, 2026). Útil y modesto a la vez: las dos cosas pueden ser verdad.
Situaciones especiales (cuándo el camino es distinto)
No todos los niños parten del mismo punto. Reconocerlo no es medicalizar la guía: es ser honesto. Estas situaciones merecen un acompañamiento más individualizado, normalmente de la mano de tu pediatra o especialista.
Niños con TDAH
Los propios profesionales que atienden a niños con TDAH reconocen que les cuesta encontrar información fiable sobre su sueño (Smith et al., 2026). Por eso aquí lo indicado es un plan hecho para tu hijo, de la mano de tu pediatra o especialista.
Niños en el espectro autista
En un estudio, madres de niños en el espectro relataron agotamiento y desgaste emocional, y también mejoras graduales del sueño, menos estrés y más confianza al aplicar técnicas de manejo del sueño con orientación profesional (Kalikotay et al., 2026). Son vivencias de las familias, no medidas objetivas: el plan, con su pediatra o especialista.
Bebés prematuros
Las indicaciones para dormir en casa deben concretarse con el equipo neonatal al alta. No traslades a casa posiciones ni dispositivos utilizados bajo vigilancia hospitalaria. En casa, los bebés prematuros también duermen boca arriba, salvo indicación médica expresa de su equipo (Moon et al., 2022).
Errores comunes (sin culpa, que aquí venimos a sumar)
Una lista breve y empática. No son reproches; son reacciones lógicas de padres cansados que conviene tener en el radar:
- Esperar resultados objetivos inmediatos. En un piloto, a las dos semanas mejoró lo que percibían los padres pero no las medidas objetivas (Wright et al., 2026). Otra cosa es insistir con un plan que os está haciendo daño: si hay malestar, consúltalo.
- Dejar pantallas e internet hasta justo antes de dormir. Es uno de los ajustes más sencillos y con más sentido (Arslan Alıcı & Erdoğan, 2026).
- Cargar el problema en solitario sin pedir apoyo a la pareja o la familia. El apoyo se asocia con menos problemas de sueño (Yilmaz et al., 2026).
- Normalizar ronquidos o respiración bucal sin consultarlo. Mejor comentarlo con el pediatra (But et al., 2026).
Cuándo hablar con tu pediatra
CDB educa y acompaña, pero no pasa consulta infantil: hay un punto en el que lo que toca es hablar con un profesional que conozca a tu hijo. No es un fracaso tuyo; es exactamente lo que hay que hacer. Coméntalo con tu pediatra si observas:
- Ronquidos habituales o respiración por la boca la mayoría de las noches (But et al., 2026).
- Somnolencia diurna marcada o un cansancio que no encaja con su edad.
- Sospecha de TDAH o dificultades de atención/conducta que se cruzan con el mal dormir (Smith et al., 2026).
- Sospecha de trastorno del neurodesarrollo o cualquier diagnóstico que requiera un plan a medida (Nunes & El Halal, 2026).
- Prematuridad o cualquier cuestión de salud que ya esté siguiendo un equipo médico.
- Si os planteáis compartir cama con el bebé.
- Problemas que no mejoran pese a haber trabajado rutina, ambiente y autonomía con constancia.
Ante cualquier duda sobre el sueño o la salud de tu hijo, tu pediatra es la referencia.
Preguntas frecuentes
¿Dónde y cómo debe dormir mi bebé?
Boca arriba para cada sueño, sobre una superficie firme y plana, sin almohadas, peluches ni ropa de cama suelta, sin sobrecalentar, y compartiendo habitación sin compartir cama: es lo que recomienda la Academia Americana de Pediatría (Moon et al., 2022). Si os planteáis compartir cama, habladlo antes con vuestro pediatra.
¿Es normal que mi hijo no duerma bien?
Es habitual que los niños pequeños se despierten por la noche o que les cueste dormirse, y no significa que lo estés haciendo mal. Si te preocupa o no mejora, coméntalo con tu pediatra.
¿Qué se ha estudiado para ayudar a que un niño duerma mejor?
Las intervenciones estudiadas en niños de 0 a 5 años combinan sobre todo rutinas antes de acostarse, cuidado del ambiente y apoyo a que el niño se duerma con autonomía, y la mayoría se dirigen a los padres (Pétrin et al., 2026). Qué conviene en vuestro caso, y cuándo, es una conversación para tener con tu pediatra.
¿Las pantallas afectan al sueño de los niños?
El uso problemático de pantallas se asocia con más problemas de sueño (cuesta más dormirse, peor transición al sueño y más somnolencia de día), y el efecto es mayor cuanto más se usan. Es una asociación observada, no una relación de causa demostrada (Arslan Alıcı & Erdoğan, 2026).
Mi hijo ronca o respira por la boca, ¿debo preocuparme?
Conviene comentarlo con el pediatra: roncar y respirar por la boca pueden asociarse a trastornos respiratorios del sueño, que a su vez se relacionan con síntomas como inatención o hiperactividad. Estos datos provienen de niños en consulta de ortodoncia, así que no son extrapolables a todos los niños, pero sí son una buena razón para consultar (But et al., 2026).
He cambiado la rutina y no veo que duerma más horas, ¿lo hago mal?
No necesariamente. En un piloto de dos semanas con niños de 5 a 11 años sin problemas graves de sueño mejoró lo que percibían los padres, pero la duración y el tiempo en dormirse no cambiaron y la eficiencia del sueño llegó a empeorar (Wright et al., 2026); el estudio no hizo seguimiento posterior, así que no dice qué pasa después. Si hay malestar o el problema persiste, revisa el plan con tu pediatra.
¿Tener apoyo de la pareja o la familia influye en el sueño de mi hijo?
En niños de 12 a 36 meses, contar con apoyo de la pareja o la familia se asoció con menos problemas de sueño. Es una asociación, no una relación causal, pero apunta a que no tienes por qué llevar esto en solitario (Yilmaz et al., 2026).
Mi hijo tiene TDAH y duerme fatal, ¿qué hago?
Coméntalo con tu pediatra o especialista. Los propios profesionales que atienden a niños con TDAH reconocen que les cuesta encontrar información fiable sobre su sueño (Smith et al., 2026), así que aquí lo indicado es un plan hecho para tu hijo.
Mi hijo está en el espectro autista, ¿pueden ayudar las técnicas de sueño?
En un estudio, madres de niños en el espectro relataron mejoras graduales del sueño, menos estrés y más confianza al aplicar técnicas de manejo del sueño con orientación profesional (Kalikotay et al., 2026). Son experiencias de las familias, no medidas objetivas: el plan debe hacerse con su pediatra o especialista.
¿Sirven las mismas técnicas en niños con problemas del neurodesarrollo?
Las estrategias conductuales y guiadas por los padres (psicoeducación, higiene del sueño, rutinas) suelen ser seguras, aceptables y útiles también en niños con trastornos del neurodesarrollo o neurológicos, aunque las mejoras objetivas tienden a ser más modestas (Nunes & El Halal, 2026).
¿Y con los bebés prematuros?
Las indicaciones para dormir en casa deben concretarse con el equipo neonatal al alta. No traslades a casa posiciones ni dispositivos utilizados bajo vigilancia hospitalaria. En casa, también boca arriba, salvo que su equipo indique otra cosa (Moon et al., 2022).
Siguiente paso
No tienes que resolverlo todo esta noche. Elige por dónde empezar según el momento en el que estéis:
Empieza por lo que sí depende de ti
Quédate con un solo cambio —una rutina corta y constante, o alejar las pantallas del momento de acostarse— y dale unos días sin juzgar el resultado por una sola noche.
Si hay señales clínicas o no mejora
Si tu hijo ronca o respira por la boca habitualmente, tiene somnolencia diurna marcada, sospecháis TDAH o un trastorno del neurodesarrollo, fue prematuro, o el problema no mejora pese a la constancia, el siguiente paso es tu pediatra. Que conozca el caso es lo que permite un plan a medida.
Aviso médico. Este contenido es educativo para padres y madres y no sustituye la consulta pediátrica ni el diagnóstico profesional. No es una valoración del caso concreto de tu hijo. Ante cualquier duda sobre su sueño o su salud, consulta con tu pediatra.
Fuentes
- Arslan Alıcı, Ç., & Erdoğan, E. G. (2026). The association between problematic media use, sleep disturbances, and enuresis in children. Journal of Pediatric Urology. https://doi.org/10.1016/j.jpurol.2026.105954
- But, V. M., Roșu, S. N., Bica, C. I., Vlasa, A., Coman, T. M., Haddad, C. D., Stoica, A. M., Pacurar, M., & Elsaafin, M. (2026). Sleep-Disordered Breathing and Behavioral Symptoms in Pediatric Orthodontic Patients: A Multicenter Cross-Sectional Study. Journal of Clinical Medicine. https://doi.org/10.3390/jcm15093386
- Kalikotay, B., Rajeswari, D., & Shaji, J. C. H. (2026). From restless nights to peaceful sleep: mothers’ lived experiences in dealing with sleep problems among children with autism spectrum disorder. BMC Psychology. https://doi.org/10.1186/s40359-026-04680-6
- Moon, R. Y., Carlin, R. F., Hand, I., & Task Force on Sudden Infant Death Syndrome and the Committee on Fetus and Newborn. (2022). Sleep-Related Infant Deaths: Updated 2022 Recommendations for Reducing Infant Deaths in the Sleep Environment. Pediatrics. https://doi.org/10.1542/peds.2022-057990
- Nunes, M. L., & El Halal, C. D. S. (2026). Sleep disorders in children/adolescents with neurodevelopmental and neurological disorders: what evidences do we have with the use of non-pharmacological interventions? Frontiers in Sleep. https://doi.org/10.3389/frsle.2026.1758539
- Pétrin, R., Beauchamp, K., Perreault, A., & Forest, G. (2026). Behavioral sleep interventions in children aged 0-5 years: A systematic review of content, delivery, and 24-hour sleep outcomes. Sleep Medicine. https://doi.org/10.1016/j.sleep.2026.108966
- Smith, L., Daley, D., Cortese, S., Hill, C. M., & DISCA team. (2026). Mind the Gap! Sleep Problems in Children With ADHD-A Qualitative Analysis of Clinician Training Needs. Child: Care, Health and Development. https://doi.org/10.1111/cch.70254
- Wright, I. D., Crandall, G., Baldwin, S., & Duraccio, K. M. (2026). A multi-method pilot exploration of a brief behavioral sleep intervention for school-aged children: feasibility, acceptability, and initial evaluation. Frontiers in Sleep. https://doi.org/10.3389/frsle.2026.1731331
- Yilmaz, N., Yilmaz, E. S., & Algedik, P. (2026). The relationship between mothers’ maladaptive schemas and sleep problems in 12-to-36-month-old children: The role of attachment and sleep behaviors. Infant Mental Health Journal. https://doi.org/10.1002/imhj.70078
Preguntas frecuentes
¿Dónde y cómo debe dormir mi bebé?
Boca arriba para cada sueño, sobre una superficie firme y plana, sin almohadas, peluches ni ropa de cama suelta, sin sobrecalentar, y compartiendo habitación sin compartir cama: es lo que recomienda la Academia Americana de Pediatría (Moon et al., 2022). Si os planteáis compartir cama, habladlo antes con vuestro pediatra.
¿Es normal que mi hijo no duerma bien?
Es habitual que los niños pequeños se despierten por la noche o que les cueste dormirse, y no significa que lo estés haciendo mal. Si te preocupa o no mejora, coméntalo con tu pediatra.
¿Qué se ha estudiado para ayudar a que un niño duerma mejor?
Las intervenciones estudiadas en niños de 0 a 5 años combinan sobre todo rutinas antes de acostarse, cuidado del ambiente y apoyo a que el niño se duerma con autonomía, y la mayoría se dirigen a los padres (Pétrin et al., 2026). Qué conviene en vuestro caso, y cuándo, es una conversación para tener con tu pediatra.
¿Las pantallas afectan al sueño de los niños?
El uso problemático de pantallas se asocia con más problemas de sueño (cuesta más dormirse, peor transición al sueño y más somnolencia de día), y el efecto es mayor cuanto más se usan. Es una asociación observada, no una relación de causa demostrada (Arslan Alıcı & Erdoğan, 2026).
Mi hijo ronca o respira por la boca, ¿debo preocuparme?
Conviene comentarlo con el pediatra: roncar y respirar por la boca pueden asociarse a trastornos respiratorios del sueño, que a su vez se relacionan con síntomas como inatención o hiperactividad. Estos datos provienen de niños en consulta de ortodoncia, así que no son extrapolables a todos los niños, pero sí son una buena razón para consultar (But et al., 2026).
He cambiado la rutina y no veo que duerma más horas, ¿lo hago mal?
No necesariamente. En un piloto de dos semanas con niños de 5 a 11 años sin problemas graves de sueño mejoró lo que percibían los padres, pero la duración y el tiempo en dormirse no cambiaron y la eficiencia del sueño llegó a empeorar (Wright et al., 2026); el estudio no hizo seguimiento posterior, así que no dice qué pasa después. Si hay malestar o el problema persiste, revisa el plan con tu pediatra.
¿Tener apoyo de la pareja o la familia influye en el sueño de mi hijo?
En niños de 12 a 36 meses, contar con apoyo de la pareja o la familia se asoció con menos problemas de sueño. Es una asociación, no una relación causal, pero apunta a que no tienes por qué llevar esto en solitario (Yilmaz et al., 2026).
Mi hijo tiene TDAH y duerme fatal, ¿qué hago?
Coméntalo con tu pediatra o especialista. Los propios profesionales que atienden a niños con TDAH reconocen que les cuesta encontrar información fiable sobre su sueño (Smith et al., 2026), así que aquí lo indicado es un plan hecho para tu hijo.
Mi hijo está en el espectro autista, ¿pueden ayudar las técnicas de sueño?
En un estudio, madres de niños en el espectro relataron mejoras graduales del sueño, menos estrés y más confianza al aplicar técnicas de manejo del sueño con orientación profesional (Kalikotay et al., 2026). Son experiencias de las familias, no medidas objetivas: el plan debe hacerse con su pediatra o especialista.
¿Sirven las mismas técnicas en niños con problemas del neurodesarrollo?
Las estrategias conductuales y guiadas por los padres (psicoeducación, higiene del sueño, rutinas) suelen ser seguras, aceptables y útiles también en niños con trastornos del neurodesarrollo o neurológicos, aunque las mejoras objetivas tienden a ser más modestas (Nunes & El Halal, 2026).
¿Y con los bebés prematuros?
Las indicaciones para dormir en casa deben concretarse con el equipo neonatal al alta. No traslades a casa posiciones ni dispositivos utilizados bajo vigilancia hospitalaria. En casa, también boca arriba, salvo que su equipo indique otra cosa (Moon et al., 2022).
Texto elaborado con inteligencia artificial por Consejos Dormir Bien, supervisado por Noemí Medina de Francisco
Psicóloga, coach y especialista en sueño, responsable editorial · noemi-medina.com · Última revisión: 13 de junio de 2026 · Cómo hacemos el contenido