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Dormir mal engorda


En este post:

No dormir bien: Mayor riesgo de obesidad


Bien es sabido que no dormir las horas necesarias y con la calidad suficiente, afecta negativamente al bienestar físico y mental.


Hay estudios que indican que con solo entre 4 y 7 días de privación de sueño, ya se producen consecuencias en la somnolencia y déficits neurocognitivo y conductuales.


También se han llevado a cabo meta-análisis que sugieren que el sueño de corta duración y de mala calidad aumenta los riesgos generales de desarrollar obesidad, alteración de la tolerancia a la glucosa y diabetes tipo 2 en aproximadamente un 25 %–50 % (Kecklund y Axelsson, 2016; Knutson y Cauter, 2008). ; Spiegel et al., 2009).


Las hormonas Leptina y Grelina


Junto con la insulina, las hormonas leptina y grelina juegan un papel importante en la regulación de la ingesta de alimentos y el apetito.


La leptina se libera de los adipocitos después de la ingesta de alimentos e influye en la percepción de saciedad.


La grelina se produce en las células del estómago y del intestino. Su nivel aumenta antes de las comidas y durante el ayuno y descienden rápidamente después de la ingesta de alimentos. La grelina influye en la percepción del hambre.


Después de tan solo 2 días de dormir 4 horas, se encontró en un estudio realizado, que los niveles de leptina en voluntarios sanos de peso normal disminuyeron, mientras que los niveles de grelina, el hambre y el apetito aumentaron (Spiegel et al. , 2004).


Si no dormimos lo suficiente muy probablemente nos sentiremos menos saciados y sentiremos más hambre, con lo que el riesgo de obesidad aumenta.


Privación de sueño: Elección de alimentos hipercalóricos


Otros estudios han sugerido una asociación entre una actividad reducida en la corteza frontal, combinada con una amplificación inversa de la actividad dentro de la amígdala, que se sabe que señalan la prominencia de los alimentos en el contexto de las elecciones apetitivas (Greer, Goldstein y Walker, 2013)

Los participantes sanos y de peso normal que participaron en este estudio, cuando se encontraban privados de sueño, expresaron un mayor deseo de ingerir alimentos con alto contenido calórico. Ésto unido al posible aumento del deseo de comer en situación de privación de sueño, puede contribuir al desarrollo y mantenimiento de la obesidad.


Puedes seguir leyendo para saber qué otros efectos tiene la privación de sueño.



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